Como espectador privilegiado de un espectáculo irrepetible y gratuito, quiero mostrar desde detrás de la cámara mi particular visión del maravilloso entorno que nos rodea y sostiene. Sirva este blog como un pequeño pago a la inmensidad donada y un humilde trabajo por su conservación.


As the privileged spectator of a unique and free performance, I'd like to show, from behind the camera, my particular vision of the wonderful environment that surrounds and sustains us. I hope this blog will serve as a small payment to the great natural gifts and as a humble work toward their conservation.



lunes, 26 de octubre de 2015

Sierra Grande


          Como un clavo del herraje de una milenaria puerta se ve a lo lejos, entre los llanos, la Sierra Grande de Hornachos.  De cerca nos ofrece un pueblo lleno de historias moriscas, una sierra donde enriscarnos cerca de águilas y buitres, laderas montaraces que se desbordan en jaras, dehesas de encinas y alcornocales para emboscarse con la vida escuchando pájaros.

          Y hay senderos que  nos guían por la sierra, traspasando crestas rocosas o nos encaminan hacia la historia por veredas empedradas .

          El caminante de paso firme y sosegado encontrará en “Rutas para descubrir Extremadura” un estímulo para acercarse a este y otros enclaves de nuestra tierra.

     

                                                                                                                                 


Amanecer en Sierra Grande
Hornachos, castillo y Peñón de Marín

Alcornoque y monte mediterráneo
Águila perdicera
Nubes sobre la Sierra de Hornachos

Trepador

Ruta propuesta
Vemos al frente las sierras recortadas al amanecer como una isla azulada y grisácea en medio de la llanura. Las nubes navegan filtrando la luz e iluminando a ratos la Sierra Grande

Conforme nos acercamos se despeja el cielo y el pueblo se muestra en la solana del altanero Peñón de Marín. Hemos entrado en Hornachos y subimos hasta el Pilar de Palomas desde donde iniciaremos nuestra caminata. La fuente acapara las aguas que llegan de la peña de La Sillá a través de un pequeño acueducto y se vierten por un caño bajo una reproducción del escudo imperial de Carlos V con el águila bicéfala.

Se oye el saludo de un vecino y la charla tranquila de dos mujeres. El día empieza sin prisas, alargando el tiempo de esta mañana de abril.

Por el camino que sube a la sierra vemos huertos moriscos con naranjos y, un poco más arriba, el Lavadero y la Fuente de los Moros donde nace el agua para ser bebida, lavar la ropa y regar, en este orden. 

Al final hay un estrecho sendero a la izquierda que nos obliga a subir en fila india por el Valle de los Corraletes, vestigios de corrales de cabras construidos con los peñascos de la pedrera que se despeña como un glaciar seco y áspero. 

La mañana se vuelve fría y ventosa pero queremos subir hasta el Mojón Blanco, a ratos oculto por la niebla. Arriba nos golpea el viento y se nos humedece la cara. Nos hemos detenido en lo alto para disfrutar de dos comarcas a la vez: al este La Campiña y al poniente Tierra de Barros. Hoy se cuelgan en las térmicas los buitres leonados y escuchamos a las chovas piquirrojas mientras nos cobijamos detrás de un enebro.

Vamos bajando de nuevo pero ahora nos desviamos hacia el norte y paramos en el Mirador de La Magrera antes de descender entre el espeso matorral. Huelo la jara pringosa que, ya en flor, se despliega en cinco pétalos como una  sábana blanca de limpias y marcadas dobleces.

Al final del cerrado sendero hay una pista asfaltada que nos lleva a la Trasierra y al Camino de la Umbría que separa monte y dehesa. El ladrido lejano de un perro y el campanillo de las ovejas sirven de contrapunto al grito acelerado de los mirlos que se asustan a nuestro paso.

Nada más pasar un regacho dejamos el camino y seguimos otro que, a la derecha, penetra el bosque de encinas y alcornoques entre paredes de piedra a la diestra y una alambrada a siniestra. 

Entramos en lo más bello del recorrido: centenarios troncos con el corcho a punto para ser recogido en verano y lo que fue un hermoso castañar, hoy agonizante. El agua de la alberca de la Huerta del Sordo y una humilde fuente congregan a los pajarillos forestales. Nos hemos emboscado con un bando de mitos y un trepador azul desciende boca abajo por el tronco de un alcornoque. Nuestro silencio da voz al tamborileo de un pico picapinos y al trino penetrante del minúsculo chochín.

Recuperamos las fuerzas a la par que el ánimo entre la vida que nos arropa y subimos por la umbría a través de la Senda Moruna casi oculta entre una maraña de madroñeras y lentiscos.  

Y tras coronar bajamos el sendero de la izquierda. La Senda Moruna ahora zigzaguea empedrada y  abre el paisaje al oeste. Aquí le llaman Los Escalones, jalonados por lienzos rocosos coloreados por los líquenes amarillos entre los que cuesta encontrar el ocre de unas pinturas rupestres. 

Al levantar la vista hacia el castillo vemos ciclear al águila perdicera y un alimoche atraviesa el valle. No queremos abandonar la sierra sin subir hasta los paredones derruidos de lo que fuera poderosa alcazaba almohade sobre el cerro que domina al pueblo y al llano. 

De vuelta  a Hornachos nos obligamos a pasar por otra fuente, la de Los Cristianos, evocando la vida de un pueblo separado por dos religiones. Hay tres hombres sentados en el poyete con quienes nos entretenemos charlando. Nos cuentan leyendas de una sierra de la que se sienten orgullosos. 

El Pilar de San Francisco y el convento del mismo nombre nos devuelven a la población. Seguimos hasta la Iglesia Parroquial de estilo mudéjar con la pila bautismal donde obligaban a los moriscos a abrazar la religión cristiana, aunque a continuación se desbuatizaran entre peñas escondidas. 

Acabamos en El Pósito, antiguo silo de grano, que es ahora centro de interpretación de la cultura morisca, con la intención de comprender la vida de aquellos hornachegos expulsados de su pueblo y que fundaron la república de Salé en el norte de África desde donde pirateaban los barcos españoles.

Hornachos tiene riqueza histórica y bienes de interés cultural, su sierra es Zona de Interés Regional por su magnífica conservación de la naturaleza, es Zona de Especial Protección para las Aves y Lugar de Interés Comunitario. 

Distancia: 17 Kilómetros
Dificultad: Media
Tiempo: 5 horas aprox. a pie.
Época recomendada: Primavera, otoño e invierno. 




Portada del libro






                                                        http://www.turismoextremadura.com/


Para descargar el libro:
 http://www.fundacionxavierdesalas.com/es/FICHA/?id=24
 http://www.fundacionxavierdesalas.com/ARCHIVO/actividades/Rutas_para_descubrir_Extremadura_0.pdf